Ya van 15 días, sigo con la dieta líquida pero desde hace unos días se le sumó una clara de huevo al caldo, una cuchara de queso crema por día y un postrecito light de esos que se preparan revolvieeeennndo y revolviennndo arriba de la hornalla.
Todavía siento diez mil ruiditos cuando ingiero la comida, pero no es muy molesto. Desde que me operé no tengo vómitos ni náuseas y mi ahora reducido estomaguito, avisa enseguida cuando es suficiente. Pero hay que prestar atención! Medio dormida a la noche, agarré la botella de agua y le dí un trago de esos gigantes... bueno, esas cosas no hay que hacerlas!
Algo poco habitual pero molesto es el hipo, y aunque siempre tuve ataques de hipo de media hora, ya no puedo tomar 10 tragos de agua sin respirar, así que hay que ingerir los alimentos muy pausadamente y de a traguitos muy pequeños.
Un error imperdonable que cometí, fue pesarme toooodos los santos días. No lo hagan, genera ansiedad y nos lleva a pensar que todo está mal, que teníamos que bajar mágicamente 30 kilos en 2 días. Y eso no sirve, es más, por ese pensamiento mágico llegamos a donde estábamos antes de la cirugía. Ayer me puse de pésimo humor por ese tema de la balanza, me enojé, me puse triste, todo junto, y la verdad? fue desmerecer todo el esfuerzo que hice hasta hoy. Voy 30 días de dieta líquida, en mi vida me hubiese imaginado que podía contenerme tanto tiempo sin mandarme una macana!!! Cuántas dietas ultra simples tiré por la borda antes? Y ahora que hago las cosas impecablemente me torturo? Bueno, si no era por Pablo que me bajó a la realidad, todavía estaba furiosa.
El nivel de exigencia que tenemos para con nosotros mismos, el látigo constante de toda la vida, hay que dejarlo un poco de lado, y solamente ser responsable y seguir con las pautas que nos dan los médicos, no inventar nada porque no nos va a hacer bien. Seguir órdenes y poner la mejor buena voluntad, y todo va a estar bien.
No es simple, no es fácil, cuesta muuuuuuucho, pero vale tanto la pena... y siempre que veamos que todo se nos va de las manos, acudir a alguien que nos baje a la realidad, que nos recuerde el esfuerzo enorme que estamos haciendo, y lo maravillosa que va a ser la vida de ahora en más, aún con los problemas y las tristezas habituales.
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